Luz, color y espacio
El MALBA inauguró la esperada exposición del artista Dan Flavin (Nueva York, Estados Unidos, 1933-1996), famoso por sus esculturas lumínicas realizadas con tubos fluorescentes industriales. Organizada por la Dia Art Foundation.
Junto con Sol Lewitt, Donald Judd y Carl Andre, entre otros, Flavin fue una de las figuras principales de la escena del arte minimalista.
Hacia 1960, antes de su decisivo descubrimiento de la luz fluorescente, Flavin experimentó con la luz eléctrica mediante la incorporación de luminarias en los laterales de pequeños lienzos monocromos.
El recorrido por la muestra en el MALBA comienza con una serie de ocho obras con luz blanca que evocan la luminosidad de la iconografía religiosa.


Al transformar las asociaciones espirituales y simbólicas de la luz en presentaciones directas y despojadas, esta serie señala el giro decisivo de Flavin respecto de los medios tradicionales —como la acuarela, el dibujo, el collage y la gestualidad personal—. En su lugar, adoptó materiales producidos industrialmente, rechazando la noción de la «mano del artista» en favor de una práctica considerada hoy fundamental para el minimalismo. La serie íconos ocupa una posición central en la obra de Flavin, al tender un puente entre pintura y escultura y vincular sus trabajos tempranos con las instalaciones lumínicas por las que es recordado.



A mediados de los ’60, la introducción del color en su producción amplió las posibilidades de su técnica, revelando un potencial aún mayor para la variación infinita. La cualidad perceptiva del color está determinada por la cantidad, la longitud y la disposición de los tubos fluorescentes, así como por su posición relativa entre sí.


Flavin comenzó a crear obras espaciales de colores intensos, como medio para definir y modelar el espacio.
En esta obra, las luces de colores comercialmente disponibles —dorado (amarillo), rosa y rojo— se integran a la arquitectura generando efectos relativos de color en la luz y el espacio. Ubicada directamente sobre el suelo, la luz se irradia hacia el exterior para articular y activar el campo perceptivo del entorno circundante. Exhibida por primera vez en 1964 en la Green Gallery de Nueva York, esta temprana instalación lumínica apoyada en el piso representa el inicio de la exploración de Flavin sobre la interacción entre luz de color y espacio.
A lo largo de su carrera, Flavin volvió reiteradamente a la repetición, desarrollando configuraciones lumínicas que dieron lugar a extensas series. Entre 1966 y 1971 realizó nueve piezas, cada una dedicada a una pareja europea con la que había entablado relación, utilizando en cada caso uno de los nueve colores de tubos fluorescentes disponibles comercialmente. Las obras individuales consisten en dos tubos frontales paralelos unidos por cuatro tubos retroiluminados que forman una estructura cuadrada; las tonalidades se funden en una esquina para funcionar como fondo de una luz frontal directa. La serie ilustra la transformación de la luz industrial en escultura espacial, disolviendo los límites arquitectónicos y propiciando una experiencia intima entre forma y entorno. Las estructuras iluminan las esquinas donde son instaladas, acentuando su profundidad. Simultáneamente arte, luz y objeto, la serie desafía las convenciones de la pintura y la escultura tradicionales.

Flavin dedicó una de sus series más sostenidas al artista constructivista ruso Vladimir Tatlin (1885-1953) con «monumentos» a V. Tatlin, una multiplicidad de variaciones realizadas con tubos fluorescentes blancos fríos de 0,61; 1,22; 1,83 y 2,44 metros. Si bien la variabilidad de configuraciones lograda mediante materiales industriales y los sistemas de repetición presentes en la serie reflejan las ideas emergentes del arte minimalista, la evocación de Tatlin —cuya obra encarnó el espíritu revolucionario y utópico de la vanguardia- sitúa las invenciones formales de Flavin dentro de un contexto más amplio de la historia del arte.

Las configuraciones verticales también evocan el horizonte de los rascacielos de Manhattan y de los edificios icónicos de la ciudad de Nueva York, donde Flavin desarrolló su práctica.

En 1966, Flavin realizó una instalación de escala ambiental para una exposición colectiva en el Van Abbemuseum de Eindhoven, Países Bajos, dando inicio a su emblemática serie barrera: estructuras lumínicas autónomas configuradas en formaciones rectangulares superpuestas que funcionan como cercos o particiones, tomando la repetición como punto de partida. Más tarde, en su exposición individual de 1973 en la Kunsthalle Köln, Alemania, el artista creó una instalación de barrera atravesada por los efectos envolventes de una luz verde pura, sin título (Para ti, Heiner, con admiración y afecto), una obra destacada de su producción dedicada a Heiner Friedrich, su histórico mecenas y cofundador de Dia Art Foundation. La incorporación de luz coloreada introduce un nivel adicional de complejidad, ya que las tonalidades interactúan con el espacio circundante poniendo de relieve la compleja relación entre los elementos ópticos y físicos de su práctica. Esta instalación constituye un ejemplo paradigmático del compromiso de Flavin con el espacio arquitectónico, agudizando nuestra percepción del entorno inmediato.
En exposición hasta el 17 de agosto 2026. Figueroa Alcorta 3415, CABA. Visitas guiadas: miércoles y sábados a las 17 hs. Martes cerrado al público.













