MARCELO SAVIOLI

19 febrero, 2016 20:41

 

 

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DIBUJO Y CONSECUENCIA

El 8 de marzo inaugura la exposición titulada Dibujo y Consecuencia de Marcelo Salvioli en el Museo Nacional de Arte, Libertador 1902.

Más conocido por su trayectoria como escenógrafo y vestuarista en el Teatro Colón, Teatro San Martín, Teatro Cervantes, Camarín de las Musas y otras prestigiosas salas, nunca descuidó su lugar como dibujante, realizando exposiciones y recibiendo importantes reconocimientos.
“El acto de dibujar es el impulso primario de mi temperamento, que libero como atavismo en la plástica pura y aplico desde la razón en la escenografía y el vestuario”, dice Marcelo Savioli.

TEMPLOS HERIDOS
Templos seculares se derrumban conmocionados por temblores que no son de la tierra, acto final de una tragedia. Para representar este drama, Marcelo Salvioli utiliza medios pobres, papel, carbón y seguramente la palma de su mano.
Detrás está lo que sabe. Una clara concepción del espacio, el despliegue escenográfico y lo más importante, la capacidad de expresar gráficamente sus ideas. Por suerte aún queda, y cada vez más, un lugar en este mundo mercantilizado, transitorio y consumista, para que algunos artistas, dejando la superficie, entren en la profundidad de sus pensamientos.

Marcelo Salvioli no adhiere a las innumerables manifestaciones del arte de nuestra época, en que abunda lo vacío de contenido, pero que contradictoriamente quieren la permanencia de los Museos. Él carga su trabajo de múltiples capas de significado.
Es muy difícil rastrear las verdaderas motivaciones de un artista. Su relato es lo que vemos, en los signos que elige. Son las ideas que nos muestra, monumentales edificios, quizás templos, seguramente lugares sagrados. Construcciones heridas, que vienen de lejos y que nos remiten a las culturas mediterráneas. Frontones, capiteles, columnas, basamentos, espacios que nos hablan de nuestros orígenes, de esas culturas en que Occidente encuentra su base, y sobre las cuales pudo construir lo que es.
Y que sin embargo, a pesar de que con ellas aprendimos a pensar y a rezar, hoy vemos acorraladas. Hace unas noches, el poeta y pintor Rodolfo Relman me contaba que en una oportunidad Vittorio Gassman, de quien era amigo y colaborador, luego de un silencio, mirando sin mirar le dijo en voz baja: “El humanismo se nos está muriendo”.
Entonces, dolorosamente, caen los templos y se incendian los cielos. Y Salvioli hace arrastrar sus signos sobre la superficie del papel. Queda, aquí y allá, el fantasma de lo que fueron, o -quién sabe- van a ser mañana, renovados.
Atravesando su discurso apocalíptico, nos llega hasta hoy un ángel antiguo que va hacia la luz, en el instante de atravesar la puerta de un nuevo destino. Veo esto en los trabajos de Marcelo Salvioli, al que le basta papel, carbón y un poco de aguarrás.
No encontraremos en esta manifestación un show, sólo un temperamento que arde en el conflicto cultural de nuestra época.

GUILLERMO ROUX

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