JUAN DOFFOTierra / fuego / memorias / cosmogonías

J.M.Taverna Irigoyen 

Fuera de atendibles metáforas plásticas que pudieran enmarcar cierto fluir de imágenes, Juan Doffo acepta el desafío de responder a sus propias memorias. No rehúye el plano introspectivo (en el que entran a jugar lo mágico-mitológico, tanto como la alusión a cierta naturaleza transmutada), pero es la memoria la que selecciona y define los campos de visualidad y revierte sus contenidos.

De ahí, la obra de Doffo deja de ser eufemísticamente un testimonio, para convertirse en una suma de significados.Su pintura, sus dibujos, la dinámica de sus fotografías y la espacialidad contrastante de sus instalaciones, registran la dimensión de un pensamiento integrador.

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J.M.Taverna Irigoyen 

Fuera de atendibles metáforas plásticas que pudieran enmarcar cierto fluir de imágenes, Juan Doffo acepta el desafío de responder a sus propias memorias. No rehúye el plano introspectivo (en el que entran a jugar lo mágico-mitológico, tanto como la alusión a cierta naturaleza transmutada), pero es la memoria la que selecciona y define los campos de visualidad y revierte sus contenidos.

De ahí, la obra de Doffo deja de ser eufemísticamente un testimonio, para convertirse en una suma de significados.Su pintura, sus dibujos, la dinámica de sus fotografías y la espacialidad contrastante de sus instalaciones, registran la dimensión de un pensamiento integrador.

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JUAN DOFFO EN EL C.C.Recoleta

18 octubre, 2011 18:31

Doffo es claramente un artista del espacio. Tierra y cielo están en sus planos. Pero siempre abiertos. Celebratoriamente abiertos en el fuego, en la sugerida acción de las nubes, en la geografía roturada, en el cifrado movimiento de astros.

Observa lo cosmogónico. Y lo traduce con esa capacidad que a veces puede interpretarse como mediúmnica, fuera de hipérboles.

En ella, recupera de la oscuridad inmensa, los efectos. Pinceladas que impactan al ojo, desde lo sensorial a lo sensitivo. Y movimientos que secretamente aluden al tiempo, conforman (o contribuyen a conformar) el cuerpo de sintagmas que lo convocan. Aparecen entonces rituales que no son tales, pero que funcionan como rituales. Y en los que Doffo -a más de celebrante- es un testigo de la materia. En esos actos de la memoria, el artista reinterpreta los horizontes infinitos de la pampa, los acuerdos emocionales de su infancia, recuperadas identidades.

En este proceso creativo la obra de Doffo asume la potencia de un escenario englobador. Plásticamente, un escenario que no sólo es espacio. Fundamentalmente presencia. Ahí advienen -tintas y pigmentos, luces y técnicas- lo ilusorio y lo recorrible; lo formal y lo imaginario; el sesgo y la frontalidad.

Y entre El árbol del olvido, los fuegos de Vértigo horizontal, los encapsulados Sueños que teje y desteje el tiempo o el acceso a La inmortal distancia, el artista teje las tramas y articula los contenidos.

El Centro Cultural Recoleta exhibe en su gran sala Cronopios, con la impecable curaduría de Elio Kapszuk, una antológica que resume primordialmente sus últimos dos lustros de trabajo. Grandes campos cromáticos que reverencialmente hacen entrar a un espacio cosmogónico, van enhebrando muros. Lo analógico-digital registra la capacidad de Doffo para, por sobre el efecto, atrapar el tiempo de un instante. Y la fisicidad de sus instalaciones, inobjetablemente presentadas dentro del común denominador de lo mágico-imaginario, contribuyen a incorporar el espacio.

Juan pinta como piensa -dice Kapszuk- y es ahí donde ha construído un conjunto de símbolos, signos y metáforas para convocar a la reflexión. Es verdad que, por sobre memorias que le pertenecen, Doffo logra universalizar ese pensamiento y le da cabida en su tierra y en sus fuegos. Himnológicamente.   

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