ERNESTO DEIRA

30 abril, 2013 19:18

Una exposición de Ernesto Deira se acaba de inaugurar en galería Jacques Martínez ubicada en Av. de Mayo y Cerrito.

Se trata de las obras pertenecientes a la Serie Campos de Concentración. Además de su valor plástico, estas obras tienen enorme importancia e interés por haber sido parte de la exposición Otra Figuración, realizada en la Galería Peuser en Agosto de 1961 junto a Jorge de la Vega, Rómulo Macció, Sameer Makarius, Carolina Muchnik y Luis Felipe Noé. Esta exposición fue el origen del grupo Nueva Figuración, que ha tenido una trascendencia fundamental en el arte argentino.

María José Herrera

María José Herrera, curadora de esta exposición, traza una breve reseña del artista y su tiempo.
A comienzos de la década del 60 y en consonancia con otros movimientos internacionales de posguerra, la neofiguración emergió con la voluntad de definir una nueva imagen del hombre. Tomando elementos del informalismo, el expresionismo abstracto y el realismo, desde el punto de vista plástico, la intención fue superar la oposición entre abstracción y figuración. Este interés compartido por algunos jóvenes pintores argentinos los llevó a trabajar juntos en grupo. La Otra Figuración (1961-1965), formada por Luis Felipe Noé, Rómulo Macció, Jorge de la Vega y Ernesto Deira, fue una nueva figuración que creció y se definió con las discusiones teóricas y técnicas de sus miembros y, por supuesto, con las exposiciones, instancia pública de sus preocupaciones estéticas. El grupo abordó la historia como temática recurrente que permitía redibujar la figura de ese hombre que surgía despedazado luego de los horrores de la guerra. Así, ya en la primera muestra, Deira definió su compromiso con el presente al mostrar pinturas con referencias al Holocausto y otros conflictos bélicos.

 La galería Jacques Martínez presenta una serie de óleos y dibujos entre 1960 y 1962 de la llamada serie de Campos de concentración, donde Deira exhibe el dramatismo del hombre y su “ser en el mundo”. Figuras abigarradas en espacios comprimidos que connotan la angustia, estos óleos muestran el paso inmediatamente anterior a la explosión de color de sus series típicamente neofigurativas. Asociadas a las pinturas negras de Goya, en ellas Deira ensaya la sugerencia del límite entre figura y mancha. Son el presagio de una libertad plástica que el artista ya había encontrado y maduraría en el desarrollo de su trabajo a lo largo de la década.

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