Fundación PROA cierra el ciclo 2025 con una exposición que abarca amplias expresiones del arte contemporáneo con la participación de artistas de amplia trayectoria internacional.

“El orden imposible del mundo. Arte Contemporáneo”, reúne a 26 artistas de gran vitalidad en la escena contemporánea con la curaduría de Francisco Lemus.
El diálogo entre obras monumentales y piezas realizadas con recursos mínimos revela dos modos distintos —pero complementarios— de pensar el arte contemporáneo. Las grandes instalaciones reorganizan el espacio y amplían el campo perceptivo del visitante: modifican la escala del cuerpo, expanden la mirada y permiten reimaginar la relación entre historia, patrimonio y presente.


“El arte, al tratarse de una polifonía de miradas, sensibilidades y tensiones, enfatiza la controversia entre orden y diversidad”. Dice Adriana Rosenberg presidenta de Fundación Proa.
Muchas de ellas pertenecen a las colecciones privadas Balanz, Oxenford y Cherñajovsky, incorporando a la exposición la curaduría del artista Diego Bianchi y obras especialmente realizadas como sitio específico.
El recorrido comienza con las obras de Martín Legón y Valeska Soares, la instalación de Martín Legón. Ya en la sala principal la geometría de la obra de la artista brasileña Rivane Neuenschwander “A cierta distancia” genera un circuito de vallado público limitado por la policromía de las banderas de Juane Odriozola y la “Escucha clandestina” de Amalia Pica sobre medianera.


“El orden imposible del mundo” es una exhibición en la que las obras no ilustran un concepto ni responden a una lectura única, sino que abren conexiones que cada visitante puede construir a su manera. En ese movimiento aparece una forma de pensar el presente, no como un sistema cerrado, sino como un territorio en permanente interrogación.


Un ejemplo decisivo es The Theater of Disappearance de Adrian Villar Rojas, cuya monumentalidad no está al servicio del impacto, sino de una lectura crítica sobre cómo circulan y se significan los objetos en la cultura. En el otro extremo, las obras realizadas en “estado de urgencia”, reunidas en la sala diseñada por Diego Bianchi, concentran la atención en materiales precarios y gestos mínimos. Allí, papeles, pigmentos, maderas o plásticos —a veces casi residuos— se transforman en ideas precisas y contundentes. Su economía de medios no es una limitación, sino un método: muestran cómo lo esencial puede adquirir una potencia inesperada cuando se reorganiza o se desplaza de su función habitual. Ambos registros conviven porque comparten una misma pregunta: cómo dar forma a un mundo inestable, cómo producir imágenes capaces de responder a un tiempo marcado por cambios acelerados, tensiones materiales y reconfiguraciones constantes.
La muestra permanecerá abierta al público hasta marzo de 2026. Pedro de Mendoza 1929, CABA.













