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AL ARTE, DESDE LA VISIÓN DE UN ADOLESCENTE DE DIECISIETE AÑOS
por Gabriel Escalada
Estaba pensando cómo poder iniciar esta nota, cómo abocarme a un modo correcto de comenzar a escribir sobre conceptos que pueden resultar ser equívocos si no se utilizan las palabras adecuadas. Sin embargo, creo que tales conceptos como arte, cultura, sociedad o artista varían depende de cada persona que las defina, depende de sus conocimientos y formas de pensar y razonar. Entonces, a continuación, definiré al arte, y a todo lo que lo rodea, desde la visión de un adolescente de diecisiete años, es decir, desde mi propio punto de vista.

Pasé por la mayoría de las ramas del arte, tengo recuerdos de mi niñez yendo a clases de pintura, de danza, tengo recuerdos no tan lejanos de un chico que se imaginaba un mundo en el cual aspiraba que le enseñen nuevas técnicas de canto, de cómo tocar correctamente más de un instrumento…recuerdos de un chico llorando con las ilusiones quebradas en mil pedazos a causa de que perdió la voz en un examen el cual le costó quedar afuera de una carrera, poniendo un punto final a la profesión de docente, acompañado de un “nunca te dediques al arte” de un ¿profesor? El por qué de una muy minúscula síntesis de algunas de mis experiencias se debe a que gracias a ellas nacen dichas definiciones que nombré en el párrafo anterior. El arte comenzó a estar en mi vida desde muy temprana edad pero hace casi tres años me di cuenta de lo que significa para mí, gracias a una profesora que tuve en el secundario, más precisamente por una explicación sobre Antonio Berni y su Juanito Laguna. Desde ese entonces no hay día que no piense en el arte, mi vida entera gira alrededor de él. Comencé a escribir mis ideas en un papel, a imaginarme obras, a ir a talleres, a museos, a ver obras de otros artistas. Pertenezco a una familia de clase media, no había dinero de sobra como para pagar costosas academias de arte, tampoco lo había para pagar todos los talleres que yo quería, además los temas artísticos nunca eran motivo de conversación, se veía al artista como “cosa” de otro mundo; es por eso que puedo decir que si uno quiere la cultura argentina -o mejor dicho, las instituciones que manejan la cultura argentina- da la posibilidad de que cada mente se nutra, yo mismo puedo afirmar que moviéndose, informándose, uno puedo recurrir a herramientas que nos hacen crecer cada vez más. Un claro ejemplo, la primera edición de la Bienal de Performance de este año, en ella la mayoría de las obras y presentaciones fueron gratuitas para todo público, aun así no noté mucha repercusión en los medios y mucha gente no lograba entender a que iba tanto revuelo. Creo yo que ahí hay una misión del artista del siglo XXI, este debe acompañarse de los nuevos medios, de las nuevas tecnologías, debe tener una visión que le ayude a que el público no se sienta ajeno al mundo del arte, logrando así que se divierta, que se inspire, que critique. Una obra puede decir mucho de una determinada época, de una determinada cultura, de una determinada sociedad, el artista debe ser consciente de eso y utilizar todos los medios posibles para que el público se sienta identificado.
Ahora bien, ustedes se preguntaran cómo llevaría esto a la práctica, porque obviamente es fácil ponerse en cierto lugar, con cierto temperamento y hablar tan atrevidamente de la cultura en general. A modo personal, en cada etapa de creación, es fundamental para mí pensar sin dejar de descuidar el Yo y el Ellos en cada obra, ese es mi axioma primero. Es decir, todo lo que sale de mi imaginación es pensado de tal forma para que diga mucho de mí, de mi visión, de mi esencia pero, a la vez, lo pienso también de un modo que el lector y el público se sienta reflejado. No es mi idea crear obras estupendas pero sin sentido, mi idea es decir mucho de nuestra sociedad, de nuestras inquietudes, de lo que nos entristece y de lo que nos alegra. El arte, creo yo, puede ser social, o no. Puedo escribir miles de obras pero reservarlas solo para mi intimidad, para mi individualidad, o puedo dejar que fluyan libremente entre los hombres que interactúan entre si y ahí, una vez que el mensaje llega al menos a una sola persona, el arte se convierte en un elemento más de la cultura. Aun así, la carga de lo social puedo ser mayor o menor, y en mi caso quiero que esa carga abunde. Es tal mi “obsesión” por esa concepción del arte que mis trabajos siguen la misma línea, tal como lo hice en mi primer novela Moda, amor y 15 suicidios en Paris, tal como lo estoy haciendo en mi trabajo de performances titulados MUTILACIÒN DE UN ARTISTA, tal como lo estoy haciendo en mi segunda novela. Sin embargo, esa concepción no está en mis creaciones de un modo explicito, sino implícito. Quiero que el emisor utilice su razonamiento y costado lúdico hasta poder llegar a decir “esto es parte de la vida cotidiana que me rodea, esto no es ajeno a mi”. Así serán cada vez más los nuevos artistas, las nuevas ideas, los nuevos hombres que contemplen el arte dándole el papel que se merece en la cultura.
Para finalizar quiero agregar que los conceptos que nombré anteriormente están en esta nota de un modo implícito, ustedes jugaran con cada frase para dar en las interpretaciones correctas. El arte argentino tiene muchas cosas valiosas para decir, pero esa voz no será escuchada hasta que no se empiece desde lo primordial, ya que para que haya interpretación debe haber público, y sin identificación e interés no hay público, estas dos cosas deben ser germinadas por el artista. Quizá estoy esperando algo utópico, o quizá no, pero eso no me importa. Soy un constante soñador, sueño con recorrer cada parte del mundo para demostrar que somos algo más que los colores del cielo, algo más que esas comidas y bailes típicos (por nombrar algunas de las tantas cosas que tenemos). Mis sueños varían pero me hacen tan feliz tenerlos dando vueltas en mi mente que no puedo quedarme sentado viendo como el tiempo pasa. El arte es mi permanente sueño, lo que me genera distintas emociones y lo que provoca que me pare y este creando y perfeccionándome ininterrumpidamente. Todavía faltan muchísimas cosas por aprender y soy consciente de eso, por eso aclaro, como dije al principio, que esta es una visión de un adolescente de diecisiete años.
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