Esta en acción la XIII Edición de la Bienal Internacional de Valparaiso que tendrá lugar entre octubre de 2026 y febrero de 2027 en distintos puntos de la ciudad chilena de Valparaiso.

Cabe destacar la trascendencia internacional de la BIAV nacida en septiembre 1973 en uno de los momentos más decisivos de la historia reciente de Chile. A pesar de ello, el certamen continuó su recorrido y, durante las décadas siguientes, consiguió algo poco habitual: hacer de una ciudad portuaria un punto de encuentro para artistas, obras y lenguajes provenientes de distintas geografías.
La Bienal no solo exhibía, también coleccionaba. Las obras distinguidas con el Premio de Honor pasaban a formar parte del patrimonio municipal y, durante años, pudieron contemplarse en el Museo Municipal de Bellas Artes del Palacio Baburizza. De este modo, cada edición fue dejando una huella material de su tiempo.

la VI Bienal Internacional de Arte de Valparaíso en el año 1985
Juan Díaz Fleming, Mario Irarrázabal, Mario Agatiello, Juan Egenau, Joan Mora, Luis Cámara, Bororo, Osvaldo Peña, Luis Alberto Wells y Patricia Israel aparecen hoy como nombres de una constelación que permite recorrer distintas búsquedas del arte de aquellas décadas: la relación con lo indígena, el cinetismo, la escultura, el hiperrealismo, la gráfica, la pintura gestual y las transformaciones de la figuración. Vista retrospectivamente, aquella colección constituye también una historia posible del arte contemporáneo observada desde Valparaíso.
Su desaparición, ocurrida en la década de 1990, resulta especialmente significativa. Había atravesado años de enorme convulsión política y alcanzado reconocimiento nacional e internacional, pero terminó enfrentando problemas de financiamiento y de infraestructura. Parte de sus obras se dispersó por dependencias municipales. La ciudad que había construido una colección carecía, paradójicamente, de un museo de arte moderno capaz de reunirla y darle continuidad.
Tres décadas después, la Bienal regresó.
La segunda edición de este nuevo ciclo encuentra una ciudad distinta y, al mismo tiempo, reconocible. El desafío ya no consiste simplemente en recuperar un acontecimiento del pasado, sino en preguntarse qué significa hoy una bienal para Valparaíso.


Rocío Douglas, directora de la XIII Bienal Internacional de Artes de Valparaíso, y Henry Serrano, encargado de Programa y Archivo de la Bienal Internacional de Artes de Valparaíso, abordan el presente y la proyección de una de las iniciativas artísticas más importantes en la historia de Valparaíso.
Desde sus respectivos roles, ambos permiten comprender el sentido de esta nueva edición: la recuperación de una memoria artística construida durante décadas, su relación con la ciudad y la necesidad de proyectar ese legado hacia el presente.
El Derecho a la Ciudad es el eje curatorial de la nueva Bienal. Las obras seleccionadas entre los artistas locales permiten observar distintas maneras de aproximarse a esta idea. Más que ilustrar una tesis común, construyen un conjunto heterogéneo de preguntas sobre cómo habitamos y transformamos los lugares que nos pertenecen —o que creemos que nos pertenecen.

En La Lobera, Sofía Villaronga y Lobsang Durney encuentran uno de los espacios más elocuentes para pensar Valparaíso: una antigua estructura portuaria suspendida entre el mar y la ciudad, transformada por el tiempo en ruina y, posteriormente, en hábitat.
En Valle del Paraíso, Karen Lüderitz aborda la ciudad desde una perspectiva menos literal. Sus estructuras cromáticas, construidas mediante líneas, repeticiones y patrones cercanos a la lógica fractal, encuentran un paralelo en la ciudad entendida como una red: no solamente arquitectónica, sino también humana.

Excavaciones Internas, de Macarena Jofré Martínez, desplaza la discusión hacia el territorio material.
La ciudad deja de aparecer como paisaje para convertirse en materia: algo que se construye, se interviene y también se desgasta.
En la obra de Paz Lira, un sitial Valdés quemado y suspendido introduce otra dimensión: la memoria. El objeto doméstico, asociado al diseño y a la vida cotidiana, aparece transformado por el fuego y separado de su función original. La ciudad aparece entonces a través de aquello que queda después de la transformación.
Estas obras no ofrecen una definición única del Derecho a la Ciudad. Y quizá allí reside su interés. En lugar de convertir el concepto curatorial en una consigna cerrada, permiten observarlo desde distintos lugares: la apropiación, la convivencia, la materia y la memoria.
Valparaíso aparece entonces no como un escenario donde se instalan obras, sino como una ciudad que también interviene sobre ellas. Una ciudad hecha de capas, ruinas, habitantes y deseos; un territorio que nunca termina de construirse.
La pregunta que queda abierta es quizá la más importante: ¿puede el arte no solamente representar el derecho a la ciudad, sino producir nuevas formas de imaginar cómo queremos habitarla?
Felizmente la Bienal se exhibe nuevamente desde (BIAV 2026) Programando su exhibición principal entre finales de 2026 y febrero de 2027.













